No olvidemos lo hecho por Zbar

Ezequiel Eiben

3/2/2019

 

La carta

Turbulenta semana atravesó la comunidad judía argentina, y quien quedó en el ojo de la tormenta que él mismo desató fue el presidente de AMIA, Agustín Zbar.

En una carta enviada desde su institución a DAIA, firmada por el secretario general y el vicepresidente 1° (la elucubró Zbar pero no la pudo firmar personalmente porque con total descaro se encontraba en Israel para participar, entre otras cosas, de un homenaje nada más y nada menos que al fiscal Alberto Nisman), la mutual sostuvo que DAIA debía desistir de impulsar la causa judicial contra Cristina Fernández de Kirchner por el memorándum de entendimiento con Irán.

Aquí analizaremos la argumentación de AMIA, los efectos producidos, y el futuro de Zbar.

 

Argumentación de AMIA

Los argumentos utilizados para sostener la posición de AMIA son lisa y llanamente ridículos.

Primero, que la revisión de lo actuado corresponde “a toda la sociedad argentina y sus representates”. Léase, debe actuar el Estado argentino vía ministerio público y poder judicial, y nadie más.

Segundo, que  la querella afecta a toda la comunidad judía y en particular la gestión de AMIA.

Tercero, conectado al segundo, que la querella es un “grave error” de la anterior dirigencia de DAIA, estando la causa en el centro de “la grieta” que divide a los argentinos, y DAIA debe tomar distancia de la misma.

Pasemos a evaluar cada uno de ellos:

1) De aquí se desprende, mal empleada, la noción de que el atentado no fue contra la comunidad judía sino contra toda la sociedad argentina. Es verdad que fue un atentado que afectó en general a la Argentina, porque se realizó en su suelo, quitándoles la vida a ciudadanos judíos y no judíos, y provocando una destrucción que lo ubica en el más sanguinario acto terrorista en la historia nacional. Pero también es verdad, y esto no contradice lo anterior, que el atentado fue contra un objetivo judío, elegido específicamente por ser judío, perpetrado por una banda terrorista anti-judía, y financiada por un Estado anti-judío. No hay contradicción en decir que fue un atentado contra la Argentina en general y contra los judíos en particular.

A esto hay que agregarle que la causa efectivamente está en manos de la justicia argentina. Y que el propio derecho procesal penal argentino prevé la figura del querellante. Este puede aportar elementos de convicción, alegar sobre su mérito, interponer recursos, y algo muy importante: puede mantener disímil posición con lo realizado por el fiscal de la causa. Para la justicia de la causa puede resultar muy valiosa la existencia de una querella que la impulse aportando todo lo que tenga para aportar. En concreto, es importante que haya una querella en una causa donde la justicia ya ha demostrado ser corrupta, y fiscales chupamedias del oficialismo de turno han actuado para complacer al poder y no a la seriedad investigativa. La participación de DAIA como querellante es legítima (por haber sido afectada al compartir edificio con AMIA, y por representar a la comunidad agredida).

Si siguiéramos el criterio de Zbar, bien podrían darse de baja todas las querellas de todas las causas donde hubiera sufrido el país en general, para dejar en manos de la abstracción “sociedad” el reclamo de justicia.

2) Pedirle a la DAIA que se aparte de una cuestión judicial en la cual tiene legitimidad para participar, porque eso afecta la actual gestión de AMIA, es de miserable. Para que le funcione su politiquería de dirigente comunitario, Zbar quiere la abstención de los judíos en la causa. ¿Querrá mantener buenas relaciones y buenos curros con el peronismo? ¿Le habrán prometido algo desde Dignidad Ciudadana? ¿Querrá quedar bien con todos, con los buenos y los malos, los honestos y los corruptos, y para ello no puede “darse el lujo” de que su gestión esté afectada por una incómoda e inconveniente querella? Infinita mezquindad, total pusilanimidad.

3) Al hablar de la anterior gestión de DAIA, y tratar de “grave error” el impulso de la causa, AMIA se mete institucionalmente en la política dirigencial de DAIA señalando a los que estaban antes para tratar de influenciar a los que están ahora, a través de un sorprendente pedido púbico. Por si eso no fuera en sí mismo un desatino, considerar la querella un “error” es patético, y un “error grave”, peor aún. Y llamarlo así, en el mismo párrafo que se pide alejamiento de la causa para no tomar partido en la grieta, consolida lo anterior. Para Zbar, si hay grieta la comunidad no debe participar de una investigación que va al margen de la grieta, o sea sigue su curso a pesar de la grieta. Para Zbar, la grieta política y social son obstáculos suficientes para renunciar a la justicia. Para Zbar, solamente hay que armar una grieta para que los damnificados se dejen de jorobar y desistan en la búsqueda de la justicia. Para Zbar, el interés político debe estar por encima de la justicia. Para Zbar, si fuese coherente, nada que despierte grieta debería ser investigado con la participación de querellantes: ni un delito asociado al kirchnerismo, ni un delito asociado a Cambiemos, ni nada que pudiera agrietar. Para Zbar, después de que haya habido tanta judeofobia en el gobierno criminal de Kirchner, que tomó partido contra los judíos, estos como comunidad no deberían jugársela pidiendo justicia en el poder judicial, simplemente deberían quedarse al margen y esperar estoicamente.

 

Efectos

Las reacciones no se hicieron esperar. Por un lado, se levantó la comunidad judía, y por el otro, la judeofobia latente aprovechó el momento y sus aliados se prendieron.

La comunidad judía, tanto a nivel individual como a nivel institucional, en su amplia mayoría se manifestó en repudio de las expresiones de AMIA. Muchas asociaciones lanzaron comunicados oficiales de rechazo. Intelectuales judeo-argentinos, en acción conjunta, presentaron repudio tajante por escrito. Dentro de la propia AMIA, las voces disidentes se sintieron.

Y los judeófobos y aliados saltaron de sus sillas. La bajeza de Zbar permitió a los conspiranoicos volver a repetir sus teorías de que la interna judía respecto del atentado demuestra que el mismísimo atentado fue su resultado, una agresión entre judíos, una maniobra de Israel, etc. Los kirchneristas fanáticos empezaron a reclamar que AMIA le pidiera disculpas, aun tardías, al fallecido Héctor Timerman, porque el Memorándum no había estado mal y al excanciller se lo había calumniado. ¿Se entiende? La canallada de Zbar permitió ver como héroe a un villano como Timerman, que de traidor pasó a bienintencionado.

 

El futuro de Zbar

La presión ha rendido sus primeros frutos y Zbar se ha tomado licencia. Ha sido tan grande el repudio frente a su nauseabundo y traicionero obrar que se ha visto en la obligación de alejarse al menos por un tiempo. Para que esto no sea una victoria pírrica sino un genuino triunfo contra un agente que se está comportando cual Caballo de Troya, hay que mantener la presión: repudiar, exigir que se vaya. Que renuncie, que se lo expulse por los mecanismos estatutarios correspondientes, que nunca más pise como dirigente el suelo de una institución de la comunidad judía. Zbar vomitó encima de la memoria de las víctimas, de la expectativa de sus familias, y del trabajo del fiscal Nisman. Zbar es un impresentable en el estricto sentido de la expresión: ese que no lo querés presentar como uno “de los tuyos”, que te da vergüenza que pertenezca a la misma comunidad, ese con el cual no querés compartir identidad porque actúa para el enemigo.

 

Para terminar: no olvidemos lo hecho por Zbar

En 2017 Zbar decía que el memorándum consagraba la impunidad de los acusados por el atentado a la AMIA. En 2019, no estaba seguro. Esta contradicción tiene algo en el medio, que de seguro no es una repentina y honesta iluminación sobre el asunto. ¿Es una valija kirchnerista, un pacto nuevo, un pacto viejo que aflora ahora en año electoral? Esperemos saberlo para repudiar con más fuerza todavía.

Mientras tanto, no olvidar. No olvidar lo hecho por Zbar. Es abogado y menoscaba el trabajo de Nisman diciendo que el memorándum fue una desacertada decisión de política internacional, cuando el propio fiscal en su denuncia aclara que su trabajo no es juzgar la política internacional del ejecutivo sino denunciar el delito que están cometiendo por detrás. Zbar engaña a sabiendas. Cuando subió la noticia de la carta a su cuenta de Twitter, lo hizo con un link que mostraba a Cristina Kirchner sonriente, saludando. La burla de Zbar es completa.

Por otro lado, no seamos ingenuos de pensar que Zbar está “haciendo la heroica”, incluso llegando a mancharse a sí mismo con tal de proteger a los judíos. Cierta teoría anda dando vueltas, justificando al presidente de AMIA: “Hizo lo que hizo porque el kirchnerismo puede llegar a ganar este año, entonces se está atajando para proteger a la comunidad y que no hayan represalias”. Sabemos que Kirchner en el pasado ya atacó a la comunidad. Ya traicionó a los familiares de AMIA diciéndoles primero en la ONU en septiembre de 2012 que no daría un solo paso sin antes consultar y sorprendiendo después en enero de 2013 con la firma del memorándum. Si lo suyo es una movida unilateral preventiva, es ingenua y cobarde. Si parte de un pacto con los kirchneristas, es ingenua y cobarde. De cualquier manera, ¿renunciar a la justicia por si gana el kirchnerismo? ¿Renunciar por anticipado, cuando todavía no se han oficializado las candidaturas? ¿Renunciar como si eso tapara lo ya realizado? No se sostiene esta teoría.

Tampoco cometamos el error de pensar que lo de Zbar es un error. Lo suyo es una jugada calculada, que le salió mal. Con intereses espurios detrás, no con la inocencia de un dirigente equivocado.

En fin. No olvidemos lo hecho por Zbar.